miércoles, 23 de noviembre de 2016

La escuela y la alfabetización del XXI

El Cine cumplió, hace unos meses, 120 años, la Radio va camino del siglo de existencia, la Televisión forma parte de nuestras vidas desde hace 60 años, Internet nos conecta desde hace poco más de 20 y los teléfonos inteligentes y la web 2.0 nos acompañan intensivamente en el último decenio. Es innegable que estos medios, con una influencia creciente y progresiva, condicionan nuestras vidas. Sin embargo, el aprendizaje de su uso no se ha incorporado suficientemente a la educación escolar. La cultura que se enseña en nuestras escuelas está basada en los libros, los medios que se incorporan a la labor educativa, son auxiliares de un modo de aprendizaje en el que el libro sigue siendo el punto de referencia. Pero es más que evidente que nuestra cultura ya no es libraria, o no exclusivamente; son otros medios los que están condicionando las tendencias, usos y costumbres de una sociedad donde los tradicionales referentes religiosos y sociales, han sido abandonados, sin ser sustituidos por ningún otro de solidez equiparable, quedando la trascendencia reducida a la imaginación promovida por publicidad, la pasión del gregarismo de las hinchadas deportivas y los convulsos linchamientos de las redes sociales.

En muy poco tiempo hemos pasado de una sociedad en la que el principio de escasez informativa presidía la mayor parte de nuestras relaciones sociales, económicas y políticas, a un mundo en el que todos recibimos permanentemente grandes cantidades de información, apenas desagregada. Cabría pensar que esta inundación informativa, estaría empoderando a las masas, dotándonos de conocimientos que las limitaciones materiales de la información analógica habían venido negándonos, pero desgraciadamente no es así, precisamente la falta de educación escolar sobre el uso de esos nuevos medios, para la correcta adquisición de conocimientos a su través, hace que el desbordamento informativo que sufrimos, agrande más la ignorancia, que la sabiduría. Unos medios que podrían ser magníficos para el aprendizaje, se convierten en la excusa para dedicar el menor tiempo posible a la educación formal y la adquisición de conocimientos. Toda la sociedad, y los escolares con mayor riesgo, nos enfrentamos a un contínuo de datos en el que los elementos básicos para selección crítica de la información (autoría, editor, marco, procedencia, etc.) no son tenidos en cuenta, creándose un mensaje híbrido, en permanente fluir, en el que resulta imposible diferenciar realidad, de ficción, de publicidad, de propaganda o de infundios y mentiras mal intencionadas hechas circular con incofensables propósitos. Si siempre fue deseable una alfabezación en el manejo de la información, ahora resulta vital. En España, la Alfabetización Informacional es una de las ocho competencias básicas que todo estudiante debe alcanzar al acabar la Educación Secundaria Obligatoria, pero estamos muy lejos de eso sea una realidad, porque su materilzación sólo será posible con un profundo cambio de métodos, que tengan realmente en cuenta las TIC como instrumentos culturales, y con la incorporación de profesionales de la información a los claustros docentes de los centros escolares.

Si las condiciones políticas en España, pueden propiciar un pacto educativo, es imprescindible que ese pacto incluya la Alfabetización Informacional, desde la enseñanza primaria, para que la escuela siga cumpliendo su misión educativa básica en el XXI.