jueves, 28 de agosto de 2014

Si la Administración habla de Imparcialidad, han ganado los de siempre


Es propio de los conservadores contribuir a consolidar los errores cuando el paso del tiempo ha agostado el vigor de la reacción y ha acostumbrado a la masa a los peores excesos.

Nada hay más conservador que una Administración. En el caso del Software Libre, la secuencia ha sido siempre la misma; a saber: debate, gran polvareda, políticos marcando nuevas pautas para la tecnología de la Administración y aparece la palabra mágica; Imparcialidad. 

¿Quién va a dudar si se pretende ser imparcial? 
Ahí está el error. 
En el debate Software Libre / Software Privativo, no hay equidistancia, ni imparcialidad posible. 

Siempre se compara desde la perspectiva de lo que hacen o dejan hacer cada uno, pero nunca se lleva esa comparación a Todo lo que Impide uno, el privativo, y Todo lo que el otro Permite, el libre

Es legítimo poner exigencias a lo que deba hacer una tecnología, lo que resulta intolerable es que el fabricante de una tecnología establezca restricciones a la Administración Pública. Esta situación se lleva admitiendo desde que existe el Software Privativo, gracias a una actitud permisiva de una serie de funcionarios públicos, que cuando ven amenazadas sus dádivas y privilegios porque los políticos comienzan a flirtear con nuevas ideas sobre la manera de dotar de software a las Administraciones Públicas, sacan la bandera de la Imparcialidad y pretenden una equidistancia imposible, como si fuera posible ser equidistante entre un secuestrador y un vendedor.

En el debate chileno, ya ha salido la palabra mágica. Ya sabemos cual será el final, habrá mil excusas para optar "imparcialmente" por mantener las TIC de las AAPP secuestradas por unos fabricantes de software que se colocan por encima de la propia cosa pública, decidiendo lo que no pueden hacer los poderes públicos.