jueves, 22 de agosto de 2013

Aunque gane, la izquierda, rara vez se hace con el poder

Aunque la izquierda gana elecciones y accede a gobiernos, rara vez se hace con el poder, y en muy pocas ocasiones acaba restando poder a las oligarquías que controlan las grandes organizaciones públicas y privadas.

Las oligarquías (de diferente origen y extracción) están en las Administraciones Públicas y en los Consejos de Administración de las Grandes Empresas (esas empresas patrióticas, que reparten beneficios entre muy pocos, pero obligan a muchos por su propia grandeza).

La sutil actuación coordinada de esos grupos, aparentemente en frentes opuestos (Administrador / Admnistrado), es devastadora para los intereses generales y tremendamente rentable para las propias oligarquías reinantes.

No me refiero sólo a que la mayoría de los más importantes contratos públicos, caen en manos de esas pocas empresas, sino que además absorben los recursos destinados al fomento de la actividad empresarial, logrando tributar mucho menos que lo que les correspondería, y mucho menos que la gran mayoría de las pequeñas y medianas empresas, que ni obtienen esos recursos, ni se benefician de la reducciones fiscales.

Resultante = Gran Paradoja, No resuelta por la izquierda cuando ha gobernado; los que más contratan con el Estado, son los que más reciben en ayudas y los que menos tributan, sabiéndose que la mayoría de la carga de trabajo derivada de esos mismos contratos es realizada mediante subcontratas, por pequeñas y medianas empresas, que sostienen  realmente la economía nacional, generando la mayor parte del empleo y aportando la mayor parte de la tributación.

En épocas de expansión, las oligarquías imponen a los gobernantes progresistas políticas liberales, de las que sacan tajada. En momentos de recesión, por cuenta de hacer caja, obligan a transferir a SUS MANOS privadas los servicios públicos, que convertidos en monopolios, aseguran que siempre sean los mismos los que reciben, cuando hay mucho y cuando hay poco. Lo de las eléctricas, en su día las Teleco, hace muy poco las Cajas y la infinidad de servicios de transporte, recogidas de basura, agua, etc. son buena prueba de esto.

Si alguna vez hubiera voluntad política de poner la contratación pública al servicio de las PYMES, por mucho que opusieran las Intervenciones y las Abogacías del Estado, todo sería cuestión de cambios legislativos y de estrategias coordinadas que estrecharan las posibilidades a los que ahora lo tienen siempre todo, abriendo posibilidades a los que casi nunca logran nada.
Pero si algo saben manejar bien las oligarquías son las ambiciones de los actores de la izquierda. Ellos nunca se equivocan y aprendieron hace mucho a taparse la nariz y acercarse a quien haga falta, si va a mejorar su bolsillo. El correcto manejo de ambiciones y envidias de los adversarios progresistas, con los que tienen dentro y con las tremendas clac que reúnen en sus medios, es el mejor instrumento para blindar sus propios intereses. Si un Ministro de Industria o de Cultura se pasa de listo, no te preocupes que ya habrá uno de Hacienda o del Interior (espoleado de por el poder de sus hordas burocráticas y cargado de razón, pero no de sensatez), que acabará poniéndolo en su sitio, quitándole las ganas de novedades.

Está claro que seguir intentando arreglar las vías de agua de esta barco a la deriva, al que los patrones actuales están dejando sin motor, ni timón, es un despropósito aún mayor.

La izquierda tendrá que articular las bases de una alternativa progresista, que cuestione muchas cosas. La primera y principal es el propio papel de la Economía, como bien social al servicio del bienestar general, y no sólo como el instrumento de dominación que es actualmente.

Pero sobre todo tendrá que articular un sólido discurso global, que asuma como es el mundo realmente y cómo habrá que encarar en el futuro la propia sostenibilidad global de todas las comunidades humanas.