domingo, 21 de julio de 2013

Como pollos sin cabeza

Al ver como interrumpimos nuestro caminar, nuestra conversación o nuestro silencio reflexivo, por una señal de esa pequeña pantalla que llama nuestra atención y requiere nuestra respuesta, parecemos una especie fallida. Cabezas gachas intentando entender mensajes y articular respuestas, que se producen en un espacio indefinido y ajeno. Ya no se ven tantos conversadores solitarios hablando al pequeño dispositivo sostenido en la mano y acercado a la oreja, ahora son más los que paran su marcha, mirando la pantallita y tocándola.

Llegará el día y existirán las tecnologías, que nos hagan llegar una información mucho más precisa y que nos faciliten mucho más responder sin interrumpir lo que estamos haciendo. Pero entre tanto, seguiremos dando esa impresión de desconcierto que crean las alarmas de los móviles y esos mensajes que nos abordan.

No tardaremos mucho en ver estos, como unos tiempos tristes, no como aquellos en los que se abrieron nuevas formas de vida y se articuló una sociedad más justa y más segura, sino como la Era de los Pillos, en la que las oligarquías del pasado, controlando y explotando de manera insultante, los nuevos medios, engañaron y estafaron, hasta que una sociedad madura, consciente e intercomunicada, acabó relegando a tanto aprovechado. Pero mientras gobiernos (pretendidamente democráticos y preocupados por el bien común) sigan decidiendo sobre el futuro, cuidando más los privilegios de oligarquías del pasado, que el máximo beneficio común, no saldremos de estos obscuros tiempos.

No será fácil, pero debemos lograr que llegue el día en que decidamos democráticamente sobre nuestro futuro buscando el beneficio global, y no sólo cuidando los privilegios del pasado a las oligarquías dominantes, entonces seremos sociedades modernas.