
Un poco más al sur, el Gobierno Lula mantuvo, y sigue manteniendo el Gobiermo de Dilma Rousseff, el programa Bolsa Familia, que con inversiones de unos 300 millones de dólares anuales, pone en manos de millones de familias pobres, pequeñas aportaciones que han sido fundamentales para mantener en pie la economía brasileña en los momentos más difíciles de la crisis económica mundial.
¡Qué paradoja! Los pobres con pequeñas cantidades de dinero, han hecho más por la economía brasileña, que los indecentes banqueros gringos, por la economía de su país y del mundo.
Va a hacer cuatro años de aquello, y los bancos, lejos de estar haciendo crecer la economía, se están dedicando a extorsionar con créditos abusivos a los Estados, especialmente los europeos, hundiéndonos en una Contrareforma del Estado del Bienestar, que los gobiernos de cualquier color y partidos de izquierda se están tragando como un purgante inevitable.
La pregunta es clara, ¿no tienen mejores ideas, que desmontar un sistema que trajo la dignidad a millones de personas, tras siglos de abusos, injusticia e indignidad?
Miren a Brasil, y a lo mejor encuentra alguna buena solución.

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