Haciendo mi tesis doctoral tuve que estudiar los condicionantes que dieron origen a Internet. Sin entrar en muchas matizaciones, Internet fue un encargo nacido del miedo, a que en un enfrentamiento nuclear, desaparecieran algunos de los núcleos centrales del sistema de defensa occidental. Cosa que no se había temido hasta que el Sputnik voló sobre las cabezas de toda la Humanidad. Llegada esa circunstancia, Occidente hacía una apuesta confiada en la superioridad de los valores democráticos que defendía. Incluso obteniendo una gran ventaja los demonios totalitarios, si los pequeños núcleos de defensores de la libertad y la democracia quedaban conectados, podría preservar el sistema de libertades y torcer el rumbo de esa temida derrota.
Lo mejor de la historia es que los encargados de diseñar Internet cumplieron el encargo de manera perfecta; crear una red nacida de la colaboración, que fuera capaz de crecer y desarrollarse con el esfuerzo compartido, en libertad y sin que nadie fuera más que nadie.
Ya sabemos que los demonios totalitarios se tropezaron solos, pero la herramienta nacida para hacer frente a su posible victoria siguió creciendo y haciéndose más potente. Y paradójicamente lo que hoy despierta pavor entre las élites de Occidente (acomodadas en el camino de la democracia plena, pero con pocas ganas de alcanzarla) es que funcione plenamente la herramienta que nació para defender los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad, si fueramos perdiendo.
La globalización no la podemos dejar sólo para los capitales y las mercancias, olvidándonos de las personas. El camino hay que recorrerlo entero, y aspirar a una democracia plena, que incluya e integre dignamente a la Humanidad, a todos y cada uno. Y para recorrerlo, no podemos poner trabas al aprovechamiento máximo de las posibilidades de Internet, especialmente en los aspectos que más necesitamos; la creatividad, el desarrollo de nuevas ideas, el intercambio de conocimiento libre y en libertad; el único camino que nos llevará a la solución global, de los problemas globales de la Humanidad.
Leer el post de Amador Fernández-Savater, me ha resultado muy inspirador; ¡Qué paradoja!: Del miedo (a perder) al miedo (a ganar de verdad).

1 comentarios:
El miedo siempre fue muy rentable (para algunos) y una herramienta francamente eficaz contra la que es muy difícil luchar. Ellos lo saben.
Saludos.
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