
Salirse del molde tradicional, siempre provoca problemas. El pueblo kuna, por la consideración de la propiedad de la tierra y por su organización comunal, no se ajustan a los requerimientos del modelo mercantilista, basado en la propiedad de los medios y movido por el afán de lucro individual.
Las tierras de la provincia de San Blas; Kuna Yala, como ya se explicó, tienen consideración comunal y no están registradas de manera desagregada en Registro Público de Panamá. El control de esas tierras corresponde a las diferentes comunidades. Dentro de las comunidades, las tierras sí tienen propietarios, pero el uso que hacen de ellas y su transferencia a los herederos (a las herederas, para ser exactos) está intervenido por la comunidad.
Ya he comentado, que esta especial circunstancia de Kuna Yala, no es comprendida por el resto del país, porque en la práctica deja fuera del juego mercantil, a todo ese importante territorio. No poder comprar territorios en Kuna Yala, ha impedido el modelo de desarrollo que ha florecido en otras costas caribeñas.
Por eso, no es de extrañar que en ocasiones se tache a los kunas de deshonestos y de que engañan; lo cierto es que al no dejarse robar, despiertan el rechazo de los que pretenden usar con ellos los mecanismos de la avaricia, que con otros funcionan tan bien.
En una apreciación global, el poder de los kunas se sostiene en su control sobre el territorio, y en la gestión democrática y comunal del mismo. Existe la propiedad privada y la explotación privada de las propiedades, pero sometido a control democrático comunal. La capacidad que tengan las comunidades de mantener dicho control, marcará su propia supervivencia.





