viernes, 31 de diciembre de 2010

Kuna Yala tierra y democracia


Salirse del molde tradicional, siempre provoca problemas. El pueblo kuna, por la consideración de la propiedad de la tierra y por su organización comunal, no se ajustan a los requerimientos del modelo mercantilista, basado en la propiedad de los medios y movido por el afán de lucro individual.

Las tierras de la provincia de San Blas; Kuna Yala, como ya se explicó, tienen consideración comunal y no están registradas de manera desagregada en Registro Público de Panamá. El control de esas tierras corresponde a las diferentes comunidades. Dentro de las comunidades, las tierras sí tienen propietarios, pero el uso que hacen de ellas y su transferencia a los herederos (a las herederas, para ser exactos) está intervenido por la comunidad.

Ya he comentado, que esta especial circunstancia de Kuna Yala, no es comprendida por el resto del país, porque en la práctica deja fuera del juego mercantil, a todo ese importante territorio. No poder comprar territorios en Kuna Yala, ha impedido el modelo de desarrollo que ha florecido en otras costas caribeñas.

Por eso, no es de extrañar que en ocasiones se tache a los kunas de deshonestos y de que engañan; lo cierto es que al no dejarse robar, despiertan el rechazo de los que pretenden usar con ellos los mecanismos de la avaricia, que con otros funcionan tan bien.

En una apreciación global, el poder de los kunas se sostiene en su control sobre el territorio, y en la gestión democrática y comunal del mismo. Existe la propiedad privada y la explotación privada de las propiedades, pero sometido a control democrático comunal. La capacidad que tengan las comunidades de mantener dicho control, marcará su propia supervivencia.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Kuna Yala - Panamá


Hay que volver de Kuna Yala para comprender que aquel territorio y sus gentes forman parte de Panamá, pero no son la misma cosa. No me refiero sólo a la evidencia de comparar, la creciente jungla de acero y cemento de Ciudad de Panamá, con la jungla ancestral que crece exuberante en las costa caribeñas de Kuna Yala. Ni al hecho de tener que pasar por la aduana cuando regresas a Ciudad de Panamá desde Kuna Yala.

Es innegable que la Revolución Kuna fue una explosión que dejó heridas por ambas partes. Los unos se vieron obligados a recurrir a la violencia para defender su cultura y los otros, sin acabar de entenderlo, sintieron el rechazo a integrarse en un proyecto de modernización nacional.

Si a lo anterior sumamos circunstancias, como que los kunas fueran casi los únicos panameños que trabajaban en La Zona, y que una buena parte del apoyo a la revuelta de 1925 viniera de manos de los gringos, intentando hacerse con los ricos yacimiento de la región, el recelo mutuo está servido.

Llama la atención comprobar el gran desconocimiento que existe de la realidad kuna, y el cierto desinterés que despiertan los asuntos relacionados con ellos. En otras circunstancias se podría pensar en un desafecto o un enfrentamiento, pero visto allí, simplemente hablamos de ritmos y expectativas completamente distintas. Dos mundos diferentes que conviven en un mismos país. Por una parte, un país estrenando soberanía plena y montándose con mucha pujanza en el carro del desarrollo a lomos del Canal, la Logística y el Comercio Internacional; y por otra, un mundo de pequeñas comunidades que mantienen tradiciones y formas de vida ancestrales, preocupados por el equilibrio con el medio ambiente, y soportando numerosas presiones externas.

Esa singular relación hace que la comunicación sea escasa. El haber sido admitidos por los kunas, para la realización de un proyecto gubernamental, es una feliz circunstancia, porque si los kunas necesitan ayuda en lo de la invasión de residuos, no digamos en la invasión que va a provocar la llegada de las redes o algunos otros aspectos relacionados con la revolución de las comunicaciones, que aún no les han alcanzado de pleno.

En todo caso, una de las labores que habrá que emprender, es conseguir que los panameños comprendan que para el desarrollo del país es casi igual de importante, el tema del Canal, como el mantenimiento de esas comunidades y su singular manera de entender el Medio Ambiente. Si en el mundo existiera alguna isla de cordura, y estuviera en Kuna Yala, sería obligación de todos, mantenerla y aprender.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Consenso Kuna


Uno de los aspectos que destaca en la organización de las comunidades kunas es su funcionamiento democrático. Todos los mayores de edad de la comunidad pueden participar personalmente en la toma de decisiones de su comunidad, de manera directa. No se trata de una democracia representativa, sino que se asemeja a la organización política de las polis griegas, pero en una sociedad donde todos son ciudadanos, incluidas lógicamente las mujeres, que juegan un papel social protagonista.

Pero si no es bastante sorpresa, el encontrar una auténtica sociedad democrática, no digamos el método para la toma de decisiones. Es cierto que el shaila es el que formula la decisión final, pero esa decisión es siempre una síntesis de consenso de las diferentes posturas expuestas. Las cosas se discuten todo el tiempo que haga falta, durante todos los días que sea necesario, hasta alcanzar un acuerdo.

Esas decisiones discutidas hasta la saciedad, y formuladas por el shaila, obligan a toda la comunidad. Es misión del shaila explicar y hacer comprender a la comunidad, mediante sus cantos, el sentido de esas decisiones dentro de la cosmogonía y de la organización kuna. Para el cumplimiento de los acuerdos, las diferentes comisiones permanentes se encargan del cumplimiento de dichas decisiones, trabajando con el mismo método; hablar mucho e implicar al máximo número de ciudadanos en la propia decisión.

Si comparamos la democracia kuna, con el funcionamiento de nuestra democracia representativa, donde intereses desconocidos u opacos, son capaces de que las mayorías representativas, tomen acuerdos en contra de la voluntad del conjunto de los ciudadanos, tendríamos mucho que aprender.

jueves, 23 de diciembre de 2010

¿Por qué Kuna Yala?


Aunque apunté las circunstancias y el hecho, poco he dicho del por qué llegué a Kuna Yala, y concretamente a Ukupseni (Playón Chico).

Tiene que ver con la realización de la primera fase del Estudio Científico y Elaboración del Proyecto y Plan Director para el reciclaje de desechos y residuos sólidos en la Comunidad de Kuna Yala. Que realizan para Senacyt la Fundación Dobbo Yala (Panamá) y Fidesol (España).

Dicho así puede resultar sencillo, pero la propia organización de los kunas y la "especial" relación con el gobierno nacional, hacen que la cosa sea un poco más compleja de lo que pudiera parecer. Se trata de un proyecto financiado por el gobierno panameño, y realizado con una fundación kuna. Lo cierto es que su realización concreta, dependerá mucho más del interés del líder social de Ukupseni y de la aprobación del Shaila, tras la deliberación en el Congreso de dicha Comunidad, que de cualquier otra cosa.

Enfrentarme a la exposición de las razones del proyecto, en el abrumador ambiente del Ibeorkun Nega (Casa del Congreso) de Ukupseni, fue uno de los primero impactos, cuando aún no me había hecho a la idea de estar caminando por las calles de una comunidad, muy diferente a cualquiera de las que había conocido hasta ahora.

Es cierto que la información facilitada por los compañeros del proyecto y la lectura de todos los materiales del mismo, hacían que todo fuera conocido, incluso en imágenes, pero una cosa es la idea de aquello y otra es estar allí, viviéndolo.

Tardé poco en darme cuenta, que al haber cruzado un determinado umbral, el proyecto de la basura era el modo de establecer un vínculo que parece querer ir más lejos.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

El bibliotecario que hay en mí

Perdonen los sufridos artistas, perdonen atrevidos productores, perdonen brillantes creativos, perdonen ingeniosos guionistas, perdonen estresados representantes, perdónenme todos los que viven de las industrias culturales, pero hoy habla el bibliotecario que hay en mí.

Pienso en los obscuros años de la Edad Media, los sufridos copistas trabajaban a destajo para que la sabiduría del pasado llegara hasta nosotros, ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellas obras salvadoras?

Pienso también en todos aquellos luchadores, que en años duros, de cualquiera de las represiones que hemos sufrido, intentando reproducir sus panfletos o sus mensajes. ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellos mensajes transformadores?

Pero hoy pienso sobre todo en los miles de buenos creadores y mejores artistas, que por una u otra razón, quedaron fuera de los circuitos selectos y cuyas creaciones, que podrían haber llevado felicidad a millones de personas, nunca llegaron a ser conocidos más allá de sus círculos íntimos. ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellos modestos mensajes?

Por eso me duele, que todo el debate de la cultura, de la noble tarea de compartir el conocimiento, del derecho a que los demás nos influyan y nos hagan mejores, se haya quedado reducido al cuidado de los intereses de una élite, que se aprovecha de las grandes potencialidades de las tecnologías, y a la vez pretende que un Estado Represor les mantenga unos privilegios, de cuando la tecnología no existía.

Como bibliotecario que soy, entiendo que la cultura nace para ser compartida y que hay que poner todos los medios posibles para que llegue al máximo número de personas. Internet es como una bendición, que hace posible algo que no podía ser soñado; no puede ser que el Ministerio encargado de defender el Derecho a la Cultura, se haya convertido en la trinchera desde la que unos especuladores acomodados, tratan de impedir que pase lo que la tecnología ahora permite.

Espero que este fracaso de la Ley Sinde, sirva para que reflexionemos y hagamos las cosas de otra manera, mirando con mayor amplitud, y pensando en el interés general y no sólo en los pretendidos perjuicios de unos pocos.

domingo, 19 de diciembre de 2010

De San Blas a Kuna Yala


La provincia de los kunas de Panamá se denomina San Blas, pero eso es un formalismo que sólo se mantiene en la Constitución del país, porque incluso en diferentes leyes se denomina a la región como Kuna Yala. Se da la paradoja de que en la Comunidad de Ukupseni (Playón Chico) el único edificio donde está presente la autoridad del país, el puesto de la policía, el escudo de la puerta deja claro que estamos en Kuna Yala.

Kuna Yala ha existido desde antes de que existiera Panamá, la Gran Colombia de Bolívar y por supuesto, antes de que los españoles pusieran su pie en estas costas.

Su conciencia de nación es más reciente, parte de la Revolución de 1925 en la que los kunas se revelaron contra las autoridades panameñas, con esperanzados apoyos exteriores, y proclamaran una independencia, que no ha llevado a desgajar Kuna Yala de Panamá, pero que ha dotado a aquellos territorios y a sus habitantes de un nivel de autonomía y capacidad de autogobierno muy superior al de otros pueblos indígenas de Iberoamérica. El factor que más sostiene esa autonomía, es que sus tierras, a efectos del registro de propiedades del país, son comunales e intransferibles.

Kuna Yala es un minúsculo estado federal, dentro del propio Panamá, constituido por un conjunto de comunidades con leyes y gobiernos propios. Las leyes de cada Comunidad son diferentes y los órganos de gobierno tienen autoridad plena sobre el conjunto de su comunidad, a través de unos mecanismos de democracia directa, que nos retrotraen a las polis griegas y al origen mismo del sistema democrático.

domingo, 12 de diciembre de 2010

¿Ayudando a los Emprendores?

Habiendo tanta necesidad de crear un futuro distinto, asusta comprobar como la falta talento político, está permitiendo que la Administración apuntale negocios improductivos y convierta a los emprendedores, en competencia a batir.

Resulta muy poco edificante, cuando el objetivo es crear empleo, que sean Empresas Públicas, las que suplan funcionalmente a una Administración que no quiere adaptarse a los tiempos, y productivamente a empresas privadas, con las que compiten en una situación de clara desigualdad, por la adjudicación directa de contratos y por la competencia desleal de mantener unos costes de producción inferiores a los que marca el mercado.

Indigna cuando esa práctica, en lugar de ser usada de manera excepcional y cuando las empresas privadas no pueden asumir algún ámbito de actuación, se convierte en modo de actuación habitual y se alardea de ello.

A pesar de que todo el mundo habla de los emprendedores y todos prometen ayudarles, esa actitud conservadora de mantener burbujas proteccionistas para determinados sectores, que se niegan a adaptarse a la nueva realidad global, es el peor ataque que se puede hacer al espíritu emprendedor; ayudar más a los que intentan mantener un pasado que ya no existe, que a los que intentan inventar un futuro que está por venir, es un mal negocio.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Panamá me devolvió las ganas


La fortísima impresión de entrar en contacto con la Comunidad Kuna de Ukupseni (Playón Chico) en Kuna Yala, probablemente ha sido el desencadenante. Pero no sólo se debe a lo vivido en aquel increíble rincón de la costa caribeña.

En Panamá he comprobado gratamente, que la puesta en práctica de determinados valores, da unos frutos mucho más consistentes que las adulaciones interesadas, las exageraciones de urgencia o la verborrea justificativa de la mala conciencia.

Hace cuatro años, casi sin saberlo, adquirí un compromiso con unas personas, la mayoría desconocidas, de estar para ayudar a hacer, lo que había aprendido a hacer. El tiempo me ha demostrado que ese compromiso estaba por encima de instituciones o circunstancias concretas. Al volver, inicialmente sólo para realizar mi modesta aportación al proyecto con los kunas, he descubierto que aquella semilla ha dado sus frutos. No me refiero a los organismos, empresas y actividades que han sido puestas en marcha, de las que no he participado. Me refiero a estar presente en el corazón de buena gente, que quiere hacer crecer el Software Libre, y que cuentan conmigo para hacerlo.

Compartir mi experiencia en Ukupseni es una necesidad ineludible a la que dedicaré varios capítulos de este blog.

Pero además, tengo la necesidad de compartir mis análisis sobre Iberoamérica, en general, y Panamá, en particular, como un entorno en el que el Software Libre y el Conocimiento Libre pueden ofrecer brillantes resultados.

Ese análisis también me llevará a compartir mi visión, sobre la equivocada perspectiva que se está produciendo en la búsqueda de salida a la crisis en España.

Panamá me ha devuelto las ganas de escribir.