jueves, 23 de septiembre de 2010

Nunca lo entendió

Un 23 de septiembre por venir...

Recuerdo cuando acabó aquel mágico verano de 2010. Las emociones vividas por primera vez, y aquellas lágrimas incomprensibles para mi hijo.

De los días de aquel mundial, nuestro primer mundial, un recuerdo grato; el de un grupo de jóvenes en camiseta, recibidos en el Palacio Real, por haber cambiado la historia; el más ingrato, que el encanallamiento político de entonces, impidió que el Presidente del Gobierno acompañara a los nuestros, en representación de todos, en la final de Sudáfrica. Al contarlo, después de tanto tiempo, y habiendo cambiado tanto las cosas, ya no hay nadie que lo entienda, ni incluso muchos de los que entonces se encargaron de cargar el ambiente para que no fuera a apuntarse aquel posible éxito. Con el tiempo, todos hemos aprendido esa ética republicana, de que el elegido entre todos, nos representa a todos, incluso a los que no le votan.

Las lágrimas que mi hijo nunca ha entendido, han sido desde entonces, la prueba material de lo que nos ha separado a los supervivientes del siglo XX, de los nativos XXI. Después de tanto tiempo, no he conseguido transmitirle lo que significaba acabar con (para mi, cuarenta, para otros muchos más) años de frustraciones y de desengaños. Todavía me emociona recordar el pellizco que se me cogió en el estómago después de golazo de Pujol en la semifinal, pensando en la ilusión que sería ver aquel avión trayendo aquella copa tan bonita a España. Visto con perspectiva era gracioso; él casi no se acordaba de la final de la Eurocopa dos años atrás y del gol de Torres, y era imposible que entendiera mi emoción por estar viviendo aquello.

Ya hemos igualado en estrellas, a algunos de los que entonces veíamos en un firmamento ajeno, pero algunos no hemos olvidado, que hasta entonces, hasta el verano del 2010, siempre habíamos sido sólo dignos derrotados.

Si no acaba de entender estas líneas, le ruego tenga en cuenta lo escrito es este post anterior.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Software Freedom Day

Un 18 de septiembre por venir...

Cuando emocionado preparaba mi post de celebración del Software Freedom Day, mi hijo me ha vuelto a lanzar la pregunta de los últimos años: "¿Por qué seguís celebrando Software Freedom Day, si desde hace mucho se limitaron las licencias de software privativo y ya prácticamente no existe nada que no sea Software Libre?"

Mi respuesta es la misma de siempre: "Porque no debemos de olvidar que hubo un tiempo en que todo el mundo enloqueció y nos costó muchos años de lucha salvaguardar la libertad". Y lo intento convencer de que cualquier día, porque a alguien le convenga, puede comenzar de nuevo una historia surrealista de ocultación de fuentes y de limitación de la libertad, que no debemos tolerar.

Como el abuelete que cuenta batallas, intento convencerlo diéndole: "No pienses que fue fácil que Stallman tuviera el Nobel o el Premio Príncipe de Asturias, que le negaron durante años. Que personajes como Juan Carlos Rodríguez Ibarra, hoy reconocido como figura clave para la emancipación tecnológica que vivimos ahora, era objeto de burla por los artistas del diezmo y por sus propios compañeros, porque defendía el conocimiento libre. Y que lo que hoy es normal; que nadie te puede imponer un sistema operativo cuando adquieres una máquina, o que nadie puede imponerte condiciones de uso para el software, o que está prohibido publicar software ocultando las fuentes, en otro tiempo no muy lejano fue una quimera".

En aquellos años comprendí que el Software no era un asunto tecnológico, sino una cancha en la que nos estábamos jugando la libertad de la humanidad, y que esa lucha es permanente, incluso cuando parece que todo está ganado.

No fueron pocos los años, en que miles de fariseos de lo políticamente correcto, se les llenaba la boca de decir que ellos lo defendían el Software de las Libertades, escribiendo desde ordenadores con sistemas privativos o admitiendo sin rechistar los múltiples abusos de los que nos esclavizaban. Y que gracias a la perseverancia en asuntos como la celebración del Software Freedom Day, conseguimos que el común de las personas entendieran que todo aquello era un abuso consentido y alentado por las propias autoridades, que amparadas en una falsa ignorancia, consistieron que algunos impusieran unas condiciones que no habrían sido aceptadas en ningún otro ámbito.

Por eso creo que debemos seguir celebrando el Software Freedom Day, aunque parezca que ya no hace falta.

Si no entiende este post, le ruego que tenga en cuenta lo publicado en este post anterior.

Para entender estas notas, de ahora en adelante

Se está marchando un verano que nos ha transformado el alma. He reflexionando bastante sobre cómo están cambiando las cosas y los problemas que provocan esos cambios. He podido constatar, como gente muy bien intencionada, ajena a esa profunda transformación, puede provocar gravísimos problemas nuevos.

Comprender los cambios, desde el aquí y el ahora, es algo que está sólo en manos de mentes preclaras con métodos de investigación rigurosos, como el caso de Manuel Castell, que puede hacer una radiografía del momento presente, en la que podemos tomar perspectiva global y local de las transformaciones.

Mi deseo es que este blog siga animando a la reflexión y ayudando al desarrollo del dominio público del conocimiento, pero dado que algunas de las cosas que compartía a su través, las estoy expresando mejor con Twitter, he decidido tomarme la licencia literaria de convertir estas notas, en notas escritas desde el futuro.

Sin tener en cuenta esta transformación, puede no entenderse nada a partir de ahora, intentaré que no ocurra.