
Hay que volver de Kuna Yala para comprender que aquel territorio y sus gentes forman parte de Panamá, pero no son la misma cosa. No me refiero sólo a la evidencia de comparar, la creciente jungla de acero y cemento de Ciudad de Panamá, con la jungla ancestral que crece exuberante en las costa caribeñas de Kuna Yala. Ni al hecho de tener que pasar por la aduana cuando regresas a Ciudad de Panamá desde Kuna Yala.
Es innegable que la Revolución Kuna fue una explosión que dejó heridas por ambas partes. Los unos se vieron obligados a recurrir a la violencia para defender su cultura y los otros, sin acabar de entenderlo, sintieron el rechazo a integrarse en un proyecto de modernización nacional.
Si a lo anterior sumamos circunstancias, como que los kunas fueran casi los únicos panameños que trabajaban en La Zona, y que una buena parte del apoyo a la revuelta de 1925 viniera de manos de los gringos, intentando hacerse con los ricos yacimiento de la región, el recelo mutuo está servido.
Llama la atención comprobar el gran desconocimiento que existe de la realidad kuna, y el cierto desinterés que despiertan los asuntos relacionados con ellos. En otras circunstancias se podría pensar en un desafecto o un enfrentamiento, pero visto allí, simplemente hablamos de ritmos y expectativas completamente distintas. Dos mundos diferentes que conviven en un mismos país. Por una parte, un país estrenando soberanía plena y montándose con mucha pujanza en el carro del desarrollo a lomos del Canal, la Logística y el Comercio Internacional; y por otra, un mundo de pequeñas comunidades que mantienen tradiciones y formas de vida ancestrales, preocupados por el equilibrio con el medio ambiente, y soportando numerosas presiones externas.
Esa singular relación hace que la comunicación sea escasa. El haber sido admitidos por los kunas, para la realización de un proyecto gubernamental, es una feliz circunstancia, porque si los kunas necesitan ayuda en lo de la invasión de residuos, no digamos en la invasión que va a provocar la llegada de las redes o algunos otros aspectos relacionados con la revolución de las comunicaciones, que aún no les han alcanzado de pleno.
En todo caso, una de las labores que habrá que emprender, es conseguir que los panameños comprendan que para el desarrollo del país es casi igual de importante, el tema del Canal, como el mantenimiento de esas comunidades y su singular manera de entender el Medio Ambiente. Si en el mundo existiera alguna isla de cordura, y estuviera en Kuna Yala, sería obligación de todos, mantenerla y aprender.

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