Perdonen los sufridos artistas, perdonen atrevidos productores, perdonen brillantes creativos, perdonen ingeniosos guionistas, perdonen estresados representantes, perdónenme todos los que viven de las industrias culturales, pero hoy habla el bibliotecario que hay en mí.
Pienso en los obscuros años de la Edad Media, los sufridos copistas trabajaban a destajo para que la sabiduría del pasado llegara hasta nosotros, ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellas obras salvadoras?
Pienso también en todos aquellos luchadores, que en años duros, de cualquiera de las represiones que hemos sufrido, intentando reproducir sus panfletos o sus mensajes. ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellos mensajes transformadores?
Pero hoy pienso sobre todo en los miles de buenos creadores y mejores artistas, que por una u otra razón, quedaron fuera de los circuitos selectos y cuyas creaciones, que podrían haber llevado felicidad a millones de personas, nunca llegaron a ser conocidos más allá de sus círculos íntimos. ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellos modestos mensajes?
Por eso me duele, que todo el debate de la cultura, de la noble tarea de compartir el conocimiento, del derecho a que los demás nos influyan y nos hagan mejores, se haya quedado reducido al cuidado de los intereses de una élite, que se aprovecha de las grandes potencialidades de las tecnologías, y a la vez pretende que un Estado Represor les mantenga unos privilegios, de cuando la tecnología no existía.
Como bibliotecario que soy, entiendo que la cultura nace para ser compartida y que hay que poner todos los medios posibles para que llegue al máximo número de personas. Internet es como una bendición, que hace posible algo que no podía ser soñado; no puede ser que el Ministerio encargado de defender el Derecho a la Cultura, se haya convertido en la trinchera desde la que unos especuladores acomodados, tratan de impedir que pase lo que la tecnología ahora permite.
Pienso en los obscuros años de la Edad Media, los sufridos copistas trabajaban a destajo para que la sabiduría del pasado llegara hasta nosotros, ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellas obras salvadoras?
Pienso también en todos aquellos luchadores, que en años duros, de cualquiera de las represiones que hemos sufrido, intentando reproducir sus panfletos o sus mensajes. ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellos mensajes transformadores?
Pero hoy pienso sobre todo en los miles de buenos creadores y mejores artistas, que por una u otra razón, quedaron fuera de los circuitos selectos y cuyas creaciones, que podrían haber llevado felicidad a millones de personas, nunca llegaron a ser conocidos más allá de sus círculos íntimos. ¿Cuánto no habrían dado por una mula que hiciera llegar a todos los confines del mundo aquellos modestos mensajes?
Por eso me duele, que todo el debate de la cultura, de la noble tarea de compartir el conocimiento, del derecho a que los demás nos influyan y nos hagan mejores, se haya quedado reducido al cuidado de los intereses de una élite, que se aprovecha de las grandes potencialidades de las tecnologías, y a la vez pretende que un Estado Represor les mantenga unos privilegios, de cuando la tecnología no existía.
Como bibliotecario que soy, entiendo que la cultura nace para ser compartida y que hay que poner todos los medios posibles para que llegue al máximo número de personas. Internet es como una bendición, que hace posible algo que no podía ser soñado; no puede ser que el Ministerio encargado de defender el Derecho a la Cultura, se haya convertido en la trinchera desde la que unos especuladores acomodados, tratan de impedir que pase lo que la tecnología ahora permite.
Espero que este fracaso de la Ley Sinde, sirva para que reflexionemos y hagamos las cosas de otra manera, mirando con mayor amplitud, y pensando en el interés general y no sólo en los pretendidos perjuicios de unos pocos.

1 comentarios:
La SGAE es una industria como otra cualquiera. que actúa como piratas. No están dispuestos a revisar nada. El privilegio de ser artista es pasar por ahí? un artista no se hace, nace artista. Y los que son artista de verdad no temen nada, lo siento yo también pero la guerra está en otra parte, damas y caballeros. Quieren hacer de la felicidad de compartir, la tristeza del pobre. La cultura es un derecho inalienable al que todos disfrutaremos mientras haya un poco de cordura en este país. Me disculpe quien me tenga que disculpar y con todo mi respeto.
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