Resulta muy complicado tomar distancia, intentar ver más allá de lo que nos apremia, pero hoy más que nunca es un ejercicio imprescindible para entender lo que sucede y poder actuar, con una estrategia que vaya más allá de la reacción ante las desconcertantes pulsiones, que cada día parecen romper por cualquier rincón.
Tengo la sensación de que se está buscando un estallido en el corazón de las sociedades más equilibradas, que justifique una espiral que nos sitúe a todos en los mismos escenarios de violencia y subdesarrollo que dominan en el mayor parte del mundo. El ataque especulativo de los mercados buscando la quiebra de los Estados, para obetener beneficios especulativos, es insultante. Que tras reflotar las entidades financiera (salvar el dinero de los ricos), cuando se intenta atenuar los daños sociales de esa quiebra, las Administraciones Públicas sean víctimas de los propios especuladores que los han salvado, que no pusieron pega a que los recursos públicos les ayudaran, y que ahora ven como un pecado mortal, financiar el déficit que genera, ayudar un poco a las víctimas sociales de su avaricia.
Durante unos días he pensado que hacer públicas mis opiniones al respecto, metidas en la batidora semántica que genera la Red, no era más que aumentar un ruido, que eran palos para los compañeros que desde el gobierno intentan capear este temporal. Pero esta semana han saltado todas las alarmas, la oposición más insensata del mundo ha vuelto a demostrar que con tal de ganar a Zapatero son capaces de cualquier cosa, incluso dejar que el país entre en quiebra.
Creo, pues, que no es tiempo de silencio, y que la mejor ayuda es proponer y aportar. No apuntarse al cuanto peor mejor, con el que algunos siempre obtienen beneficio. No me gustan las medidas que se han tomado, pero he escuchado muy pocas alternativas y casi ninguna estrategia a medio y largo plazo, que es donde creo que hay que situarse. Con la máxima modestia, esa quisiera fuera mi aportación, y ya me cuidaré de que no ser convertido en reproche.
Tengo la sensación de que se está buscando un estallido en el corazón de las sociedades más equilibradas, que justifique una espiral que nos sitúe a todos en los mismos escenarios de violencia y subdesarrollo que dominan en el mayor parte del mundo. El ataque especulativo de los mercados buscando la quiebra de los Estados, para obetener beneficios especulativos, es insultante. Que tras reflotar las entidades financiera (salvar el dinero de los ricos), cuando se intenta atenuar los daños sociales de esa quiebra, las Administraciones Públicas sean víctimas de los propios especuladores que los han salvado, que no pusieron pega a que los recursos públicos les ayudaran, y que ahora ven como un pecado mortal, financiar el déficit que genera, ayudar un poco a las víctimas sociales de su avaricia.
Durante unos días he pensado que hacer públicas mis opiniones al respecto, metidas en la batidora semántica que genera la Red, no era más que aumentar un ruido, que eran palos para los compañeros que desde el gobierno intentan capear este temporal. Pero esta semana han saltado todas las alarmas, la oposición más insensata del mundo ha vuelto a demostrar que con tal de ganar a Zapatero son capaces de cualquier cosa, incluso dejar que el país entre en quiebra.
Creo, pues, que no es tiempo de silencio, y que la mejor ayuda es proponer y aportar. No apuntarse al cuanto peor mejor, con el que algunos siempre obtienen beneficio. No me gustan las medidas que se han tomado, pero he escuchado muy pocas alternativas y casi ninguna estrategia a medio y largo plazo, que es donde creo que hay que situarse. Con la máxima modestia, esa quisiera fuera mi aportación, y ya me cuidaré de que no ser convertido en reproche.

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