El rumor de fondo, no me gusta nada, nada, nada...
Las democracias salieron al rescate de una camarilla de estafadores, poniendo la pasta, pero sin sentar a nadie en el banquillo, sin reproche social, sin castigo y, lo peor, sin poner encima de la mesa alternativas, a un sistema podrido en su propia concepción (la riqueza extrema de unos pocos, a cambio de la miseria de una inmensa mayoría).
En los años treinta, sumidos en una crisis económica semejante, la debilidad de las democracias europeas permitió el ascenso de los totalitarismos, y acabó por desencadenar la segunda guerra mundial. ¿Alguien está jugando con la misma lógica?
Cuando oigo algunos de los adjetivos de la derecha, lanzados como reproche a los gobiernos que están intentando recomponer la situación sin provocar un estallido social; "falta de coraje", "incapacidad de afrontar con decisión", etc. Me suena a provocación en toda regla. Pero más allá de las medidas balsámicas, no se atisba ningún horizonte ilusionante, salvo algunas vaguedades sobre el cambio de sistema productivo y la innovación.
Si no nos retamos con grandes objetivos e intentamos la construcción de un nuevo sistema alternativo a la ley de la jungla que nos domina, corremos el riesgo de alimentar la desesperanza de las mayorías, que acabarán permitiendo el ascenso de los "corajudos" y los "decididos". Con la diferencia, de que en esta ocasión no tendrán que ganar elecciones para desmontar las democracias, como hizo Hitler, porque las dictaduras financieras tienen el poder y nadie se ha atrevido a tocarlas, a pesar de que ese poder se sustenta en leyes que soportan situaciones injustas, desequilibradas e insostenibles. La capacidad de acabar con el dinero negro, los paraísos fiscales, los oligopolios, las leyes de propiedad injustas e insostenibles, la ilimitación del afán de lucro, etc. están en manos de las democracias, que pueden y deben mostrarse decididas a terminar con formas de enriquecimiento, que acaban dañando a la mayoría.
Es imprescindible superar las respuestas tácticas y comenzar a formular propuestas estratégicas, que sumen consensos por encima de partidos y de países; o alguien inventa un argumento para articular nuestro futuro, o ganarán los que manejan la tentadora fórmula de que la mejor salida de una gran crisis, es un gran conflicto.
Las democracias salieron al rescate de una camarilla de estafadores, poniendo la pasta, pero sin sentar a nadie en el banquillo, sin reproche social, sin castigo y, lo peor, sin poner encima de la mesa alternativas, a un sistema podrido en su propia concepción (la riqueza extrema de unos pocos, a cambio de la miseria de una inmensa mayoría).
En los años treinta, sumidos en una crisis económica semejante, la debilidad de las democracias europeas permitió el ascenso de los totalitarismos, y acabó por desencadenar la segunda guerra mundial. ¿Alguien está jugando con la misma lógica?
Cuando oigo algunos de los adjetivos de la derecha, lanzados como reproche a los gobiernos que están intentando recomponer la situación sin provocar un estallido social; "falta de coraje", "incapacidad de afrontar con decisión", etc. Me suena a provocación en toda regla. Pero más allá de las medidas balsámicas, no se atisba ningún horizonte ilusionante, salvo algunas vaguedades sobre el cambio de sistema productivo y la innovación.
Si no nos retamos con grandes objetivos e intentamos la construcción de un nuevo sistema alternativo a la ley de la jungla que nos domina, corremos el riesgo de alimentar la desesperanza de las mayorías, que acabarán permitiendo el ascenso de los "corajudos" y los "decididos". Con la diferencia, de que en esta ocasión no tendrán que ganar elecciones para desmontar las democracias, como hizo Hitler, porque las dictaduras financieras tienen el poder y nadie se ha atrevido a tocarlas, a pesar de que ese poder se sustenta en leyes que soportan situaciones injustas, desequilibradas e insostenibles. La capacidad de acabar con el dinero negro, los paraísos fiscales, los oligopolios, las leyes de propiedad injustas e insostenibles, la ilimitación del afán de lucro, etc. están en manos de las democracias, que pueden y deben mostrarse decididas a terminar con formas de enriquecimiento, que acaban dañando a la mayoría.
Es imprescindible superar las respuestas tácticas y comenzar a formular propuestas estratégicas, que sumen consensos por encima de partidos y de países; o alguien inventa un argumento para articular nuestro futuro, o ganarán los que manejan la tentadora fórmula de que la mejor salida de una gran crisis, es un gran conflicto.

2 comentarios:
Y sigue siendo imprescindible denunciar la hipocresía de la derecha, el cinismo perverso, su falta de honradez y su palabrería hueca.
Que expliquen cuáles son sus propuestas y si hay que despeñar a obreros, que digan claro cual es el precipicio para que vayamos allí a empujar o a evitar, según conciencias.
(Perdón por el cabreo)
Goyo
29-abr-10
Pues a forzarlos a que lo digan...
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