Si el futuro es que hablen las máquinas, será piando. O lo que es lo mismo; nuestros dispositivos de uso cotidiano hablarán a través de Internet y será con Twitter o algo semejante.
Debo reconocer que durante mucho tiempo he pensado que el medio por el que hablarían las máquinas habrían sido los sms, un canal milagroso y de coste cero, que nacía con la red que más rápido ha crecido y que más se ha difundido. Pero la avaricia de las telecos, que han querido hacer negocio, incluso con lo que no les costaba nada, ha impedido que surja esa red de comunicación entre máquinas, habiendo florecido sólo en negocios muy especulativos, como los de los politonos, los pagos de servicios o la participación en eventos televisivos. ¿Quién iba a innovar en servicios a través de sms, si no era en negocios de ganar mucho dinero desde el primer momento? De hecho una parte de los sistemas de charla entre máquinas, seguridad, riegos, etc. funciona con esa red, pero sus usos son escasos y muy costosos, ante el sinfín de posibilidades no explotadas.
Pero ha sido otra vez Internet y con una herramienta imprevisible, la que ha abierto un nuevo horizonte. Twitter, que hoy por hoy, es una red de opinión en párrafo corto, tiene la capacidad de convertirse en el canal de comunicación entre máquinas, que los sms no han conseguido alcanzar. No tanto por su naturaleza o estructura tecnológica, que es semejante, sino por el ecosistema de usuarios, desarrolladores y aplicaciones que se ha creado alrededor. Con las capacidades que alberga, incluso anclada en máquinas inmóviles en domicilios y empresas, abre grandes posibilidades. Pero el abaratamiento de los accesos a internet a través de teléfonos móviles y la expansión de redes wifi más o menos públicas, ha abierto unas posibilidades inimaginables hace muy poco. Dispositivos móviles con software muy liviano, capaces de enviar y recibir información, sin más coste que el de la propia conexión, pudiendo crear nuevos esquemas simbólicos sobre la base de un código único enviado y recibido por un usuario único en tiempo real y con proyección global; toda una revolución.
Debo reconocer que durante mucho tiempo he pensado que el medio por el que hablarían las máquinas habrían sido los sms, un canal milagroso y de coste cero, que nacía con la red que más rápido ha crecido y que más se ha difundido. Pero la avaricia de las telecos, que han querido hacer negocio, incluso con lo que no les costaba nada, ha impedido que surja esa red de comunicación entre máquinas, habiendo florecido sólo en negocios muy especulativos, como los de los politonos, los pagos de servicios o la participación en eventos televisivos. ¿Quién iba a innovar en servicios a través de sms, si no era en negocios de ganar mucho dinero desde el primer momento? De hecho una parte de los sistemas de charla entre máquinas, seguridad, riegos, etc. funciona con esa red, pero sus usos son escasos y muy costosos, ante el sinfín de posibilidades no explotadas.
Pero ha sido otra vez Internet y con una herramienta imprevisible, la que ha abierto un nuevo horizonte. Twitter, que hoy por hoy, es una red de opinión en párrafo corto, tiene la capacidad de convertirse en el canal de comunicación entre máquinas, que los sms no han conseguido alcanzar. No tanto por su naturaleza o estructura tecnológica, que es semejante, sino por el ecosistema de usuarios, desarrolladores y aplicaciones que se ha creado alrededor. Con las capacidades que alberga, incluso anclada en máquinas inmóviles en domicilios y empresas, abre grandes posibilidades. Pero el abaratamiento de los accesos a internet a través de teléfonos móviles y la expansión de redes wifi más o menos públicas, ha abierto unas posibilidades inimaginables hace muy poco. Dispositivos móviles con software muy liviano, capaces de enviar y recibir información, sin más coste que el de la propia conexión, pudiendo crear nuevos esquemas simbólicos sobre la base de un código único enviado y recibido por un usuario único en tiempo real y con proyección global; toda una revolución.

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