sábado, 20 de febrero de 2010

Esperando que se nos muera el enfermo

Eso están esperando los poderes conservadores; los síntomas son claros; no van ayudar a buscar ninguna terapia alternativa. Saben de la dificultad que eso supone y no se sienten presionados. Entre otras cosas porque nadie ha puesto en riesgo privilegios, rentas o patrimonios. Las personas, les guste o no, tienen patria; el dinero no, y sus dueños sólo entienden el patriotismo de su patrimonio.

La izquierda, que debería estar en una defensa cerrada de la democratización plena, no sólo del poder político, sino de todos los poderes económicos y mediáticos que han debido recurrir a los fondos públicos o que subsisten por normas que defienden sus intereses, y que además, debería estar articulando nuevos sistemas productivos sostenibles. Las fuerzas progresistas, sabedoras que quienes más sufren son los que menos tiene, tiene entregadas casi todas sus fuerzas a la labor de enfermeros terminales del sistema capitalista, colapsado, no por la desesperación de la miseria, sino por la propia avaricia de los más privilegiados.

Está claro, cuando se muera definitivamente, despedidos. No esperen mi resignación, pero tampoco esperen mi apoyo en mantener estructuras caducas, que nos han empobrecido por su avaricia.