miércoles, 20 de enero de 2010

Ojos espejo

Quizá alguno pensara que me había quedado pinchado a la tele sin publicidad y me había olvidado del blog. Pero quien participe del mundo twitter sabrá que tengo concentrada la atención sobre la herramienta, que ya se perfila como eje vertebrador de una buena parte de las cosas que están sucediendo en el emergente Universo 2.0. Probablemente la inmersión semántica en las posibilidades de los 140 caracteres, aleja del párrafo largo. Pero no será porque no haya cosas sobre las que hablar.

Durante estos días, he vuelto a ver los ojos, que más se me clavaron en mis recientes visitas al otro lado del océano; las de los niños haitianos que se buscaban la vida en los semáforos de las avenidas de Santo Domingo. Aquellos ojos tan blancos en unas caras negras, eran los espejos de nuestra propia inconsistencia. El otro día pensé, que a pesar de su desgracia, al menos estaban al otro lado. Después la tele se ha llenado de muchos ojos como aquellos y en demasiados inocentes sin sepultura.

Sin dedicar un minuto a los debates nacionalistas o de protagonismo interesado que nos entretienen por cuenta de la desgracia. Lo que resulta intolerable, es la existencia de lugares y personas, en situaciones tan frágiles ante cualquier desgracia, como la de los habitantes de Haití. La carga estaba puesta. El inductor, la indecencia de los que siempre ganan; los bancos cobrando comisiones hasta en la ayuda a la desgracia, de los más desgraciados.

Las dudas inmediatas; ¿Qué estamos haciendo mal? El sistema capitalista se ha derrumbado, no por la desesperación de la misería, sino por lo insaciable de su propia avaricia. Y los mismos causantes de la tragedia, a salvo de cualquier reproche, siguen dictando los destinos de todos. Entre tanto, la izquierda, desangrándose en la defensa de causas indefendibles, como mantener los ingresos de elites insatifechas con la tajada que están sacando a los nuevos sistemas de comunicación y de difusión del conocimiento.

El informe de la Comisión Nacional de Competencia recomendando la revisión integral de la Ley de Propiedad Intelectual, nos retrotrae al punto en el que las cosas se deberían haber hecho de otra manera, tal como recomendó la Comisión Asesora de la Sociedad de la Información presidida por Manuel Castells, cuando se aprobó la ley.

La conclusión, es que hay que ampliar la visión, y dejar de hablar de perjuicios puntuales y minoritarios, y comenzar a hablar de interés general, de avance de derechos y de progresos democráticos, en lugar de la miseria de las rentas de unos pocos que creen que tienen que obtener más tajada por ser famosos, y unos listos, que aprovechando la fama de otros, pretendiendo que todos los protejamos de la necesidad de los cambios que a todos nos afectan. No podemos seguir manteniendo a un sistema terminal, que requiere de inhumanidades como la de Haití (antes del terromoto). Puesto a ello.