Lo más negativo y perverso del software privativo, no es su baja calidad, su inseguridad, sus exorbitantes costes o su carácter alquimista. Lo más contraproducente del software privativo, es que nos impide ser mejores. Impedir a alguien que comparta con otro algo, que se puede dar sin perderlo, es una imposición perversa, profundamente egoísta e innecesariamente dañina con respecto a valores superiores.
Pero si merecen reproche ético los que han promovido este método perverso de desarrollar la tecnología, más reproche merecen los que deberían velar por el interés general. Muchos de los cuales, lejos de impedir o limitar ese tipo de métodos contrarios a la capacidad de progreso de la Humanidad, se prestan a mantener un sistema perverso y dañino con valores superiores que deberían tener mejor defensa de los poderes públicos.
Por eso, cuando se intenta trivializar la diferencia entre fuente abierta y software libre, olvidándose de la ética, o cuando se ridiculiza y se tacha de integrista la defensa del derecho a compartir y a mejorar; se entra en una complicidad con quienes no quieren colaborar al progreso de la Humanidad, y sólo piensan en su lucro.
Por muy valioso que sea lo que pudieran darnos, nadie debería poder privarnos de nuestro derecho y nuestro deber de ayudar a la Humanidad.
Pero si merecen reproche ético los que han promovido este método perverso de desarrollar la tecnología, más reproche merecen los que deberían velar por el interés general. Muchos de los cuales, lejos de impedir o limitar ese tipo de métodos contrarios a la capacidad de progreso de la Humanidad, se prestan a mantener un sistema perverso y dañino con valores superiores que deberían tener mejor defensa de los poderes públicos.
Por eso, cuando se intenta trivializar la diferencia entre fuente abierta y software libre, olvidándose de la ética, o cuando se ridiculiza y se tacha de integrista la defensa del derecho a compartir y a mejorar; se entra en una complicidad con quienes no quieren colaborar al progreso de la Humanidad, y sólo piensan en su lucro.
Por muy valioso que sea lo que pudieran darnos, nadie debería poder privarnos de nuestro derecho y nuestro deber de ayudar a la Humanidad.

1 comentarios:
Esta es la clave de la cuestión.
Es ”normal” que en el sistema socioeconómico, del cual todos formamos parte aunque no estemos de acuerdo en aspectos clave de su filosofía y funcionamiento, se trivialice las diferencia básicas entre software propietario de fuente abierta y software libre.
Es “normal” porque el sistema, sobre todo en la punta de la pirámide, no tiene ética.
Esto es “normal”, ya que su misión obvia es ganar el máximo de capital posible.
Es “normal” que nos tachen de integristas a los que creemos firmemente en el conocimiento libre. La defensa del derecho a compartir el conocimiento (creo que nadie duda de que el concepto es ético) choca frontalmente con la falta de ética de los verdaderamente poderosos, los que controlan el sistema.
Cambiar esto, sobre el papel, es muy fácil. Solo tenemos que añadir la letra “a”, a la palabra “normal” y se impondrá un sistema basado en la filosofía de compartir para avanzar en el progreso de la Humanidad, ¿qué mejor ética?.
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