Las batallas siempre fueron culturales, ahora más y en el futuro mucho más. No es poco lo que nos jugamos. No es una cuestión de marcas. Es un asunto de modelo. Se trata de elegir entre seguir siendo consumidores de espectáculo o modestos protagonistas integrados en un mundo diverso, inspirado por el constructivismo.La tele ha sido una plataforma idónea para el predominio del showbusiness y convertirnos en adictos a la ficción de serial, a la entrevista publicitaria, al debate morboso e intrascendente, a las risas enlatadas y al falso directo. Creo que el universo 2.0 abre la oportunidad de un modelo participativo y democrático, pero no lo garantiza.
Es paradójico que siendo más parecidos al mundo Playmobil y resultándonos mucho más útil aprender colaborativamente; haya mucha más inclinación a consumir pasivamente, la perfecta irrealidad del mundo Disney.
Probablemente la razón no sea sólo una. Quizá nos falte amor por la calidad de las pequeñas cosas. O se trate de una cuestión de comodidad. Pero cuando la irrealidad extraordinaria es el referente del éxito, es difícil que se valore el gran éxito cotidiano de sobrevivir modestamente en paz.

1 comentarios:
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