lunes 16 de marzo de 2009

¿Vinilos = Incunables digitales?

Vaya por delante mi firme convicción antideterminista. Los hechos del pasado no se repiten, porque nunca se dan circunstancias iguales. Lo ocurrido antes, puede ilustrar el presente, y un mayor conocimiento de lo pretérito puede ayudarnos en la compresión de nuestra propia realidad, pero no hay repetición.

Aunque el que no ocurran las mismas cosas, no significa que no existan paralelismos que pueda ser ilustrativos y que nos permitan comprender acontecimientos del presente.

La cultura libraria llama incunables a los libros impresos editados desde la invención de la imprenta hasta principios del siglo XVI. En ese grupo de 35.000 libros, se encuentran las mejores ediciones de toda la historia. Los primeros impresos se hicieron con criterios muy semejantes a los libros manuscritos, pero aquella manera de producir libros, se demostró poco sostenible. La nueva tecnología hizo aparecer nuevas y múltiples posibilidades, pero a la vez también supuso el fin de una manera de hacer las cosas.

Creo que ahora está ocurriendo algo parecido. Las industrias nacidas desde la aparición de las tecnologías de registro audiovisual, han utilizado criterios muy semejantes a los espectáculos presenciales. Interpretando que la reproducción de una copia debía derivar beneficios semejantes a los del espectáculo original, aunque el mérito de la reproducción sea mucho más de la tecnología, que del autor.

Se puede entender que determinados grupos intenten mantener su estatus. Lo que no se debía de tolerar es que la industria tome de los avances tecnológicos lo que le interesa y le beneficia (la reducción de costes de producción, la potencialidad de difusión de las TIC, el abaratamiento y la multiplicación de las herramientas de reproducción, etc.), pretendiendo que las Administraciones restrinja al resto utilizar esas mismas posibilidades en beneficio propio.

Entiendo que la actitud de las organizaciones progresistas debiera ser la de facilitar el tránsito a esta nueva realidad, procurando que las posibilidades creativas y de difusión que ofrecen las TIC estuvieran al alcance del máximo número de ciudadanos, en lugar de concentrar el esfuerzo en mantener estructuras productivas insostenibles, y estatus injustos y extemporáneos.

Cuando algunos hablan de crisis de la cultura, creo sólo están pensando en su recaudación y en que otros les eliminen la competencia. El que quiera recaudar por cada vez que lo escuchen, que no grabe.

Ya la Iglesia del XV y el XVI pretendió algo parecido, bendiciendo la aparición de la imprenta, porque eso significaba que el mensaje que tanto había costado conservar en los monasterios a lo largo de siglos, podría circular de una manera más masiva. Pero se topo con la realidad de que ese no era el único mensaje que podía circular de manera masiva. Y como está ocurriendo ahora, lo que en un principio era la Máquina de Dios, acabó convirtiéndose en la Máquina del Diablo.

Podría ser que los vinilos del siglo XX y los antiguos discos rígidos del siglo XIX lleguen a ser considerados como los incunables de la era digital. Si se produjera el paralelismo, esperemos que no llegue el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum.