Tal como opina
Manuel Castells todavía estamos lejos de un uso adecuado de las TIC en política, pero tal como demuestra el éxito movilizador de Obama, las TIC ya ha cambiado profundamente la política
Todo apunta a que la clase política de formación y origen analógico, va a sufrir la Política 2.0, y va a costar mucho esfuerzo usar esas posibilidades, asumiendo un gran riesgo. Sobre todo, porque los altos funcionarios van a ver limitado su poder, por instrumentos de control y participación desconocidos hasta ahora.
Tengo serias dudas de que la Innovación sea querida por todas las estructuras de la Administración Pública, por más que sea un valor recurrente en todos los discursos.
Castells recuerda que el
fenómeno Obama no es fácil de reproducir. "No todos los políticos podrán aprovecharlo", comenta. Si no se basan en la participación y creen en la gente, la tecnología no sirve.
"Una tecnología horizontal usada de forma vertical sigue siendo vertical", asegura.
¿Y España? La pregunta tiene fácil respuesta para este sociólogo. "
En España no hay partidos que hagan algo de esto ni parecido. Hay conexión a Internet pero no al sistema político. Algún día surgirá un Obama y habrá un terremoto político en este país".
Pero la mayor provocación surge cuando el autor de la trilogía
La Era de la Información, niega que haya brecha digital. "Internet no está creando exclusión. Cuando desaparezca mi generación, se acabará la brecha", dice. También rechaza la idea de una brecha en función del género. Tubella da los datos: las chicas de 7 a 18 años usan más la Red que los chicos y desde ahí hasta los 30, se igualan en usos.
Ni siquiera creen que haya una división en función de la renta. "Habrá una mejor o peor conexión pero cualquier persona se puede conectar", defiende Castells. "La forma en la que la gente se está apropiando de Internet es mayor de lo que pensamos", añade. Castells concluye reconociendo que sí hay desigualdad en Internet. "Pero si ves la que hay con ir al teatro o comprar libros,
hay más desigualdad en las viejas culturas que en la nueva tecnología".
O la política se repiensa y asume abiertamente esta nueva realidad, o estaremos ante el peligroso riesgo de un cuestionamiento de las instituciones por alejamiento de la propia realidad social. Está por demostrar que la Política 2.0 traspase el ámbito
de la agitación, asociado a una campaña electoral,
a la participación democrática en el gobierno. Ese Rubicón deberá ser cruzado por Obama, que tendrá que demostrar que "change.gov" es algo más que una buena publicidad electoral.
En esa especie de magia que tiene la red, en la que la actuación local pensando en global tiene la capacidad de cambiar las cosas, el ejemplo de
José Antonio Rodríguez Salas, Alcalde de Jun, un pequeño pueblo del cinturón de Granada, demuestra que la innovación es posible. Será o no, del gusto de todo el mundo, pero lo que resulta innegable, es que se ha atrevido a cambiar.
El reto es que el cambio llegue a más, y sea de verdad, porque si no se producen avances significativos, en los que los ciudadanos tenga la percepción real de que avanza la democratización; el cuestionamiento de las instituciones puede resultar muy arriesgado.
Los poderes más conservadores, pueden estar tentados de asumir esa provocación, esperando que una revolución justifique la mano dura y la vuelta a estructuras del pasado. Pero la izquierda debe procurar un apoderamiento de la ciudadanía y una vertebración institucional de esta nueva realidad. Reforzando la transparencia, la igualdad de oportunidades y el dominio público del conocimiento, toda vez que los modelos que depositaban toda su confianza en las virtudes del mercado, se están demostrando nefastas. Incluso aunque los cambios recorran sendas que no hubiéramos pensado.